
Momentos después de desbrozar la mañana
tomé asiento en una solitaria terraza;
varios rayos de sol me tomaron por sorpresa
y cual Jíbaros, hicieron prácticamente, desaparecer mis pupilas.
Ella, ataviada con pequeño delantal y una flamante sonrisa,
fue la única culpable de qué aquellas pupilas
reducidas hasta lo ridículo,
se transformaran en dos inmensos agujeros negros
capaces de absorber su imagen
hasta dejar saciada mi hambre.
Entonces, oculto tras las volutas de humo de mi ansiado cigarrillo,
simplemente la admiré.
1 comentario:
Dos inmensos agujeros negros... insaciables.
Embisto delantal que cae al suelo,
muta sonrisa, caen las horquillas.
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